La diferencia entre dos líderes

Durante los tiempos de la reina Victoria de Inglaterra, había dos grandes políticos que disputaba el primer lugar. Uno de ellos fue el Primer Ministro William Gladstone, quien lograba captar la atención de la audiencia mediante sus notables conocimientos y una sobresaliente elocuencia. El otro fue Benjamin Disraeli con un trasfondo de literatura, que también llegó a ser Primer Ministro, y quien contribuyó grandemente a la implementación de la política parlamentaria. Una mujer recibió el honor de ser invitada a un banquete con estos dos políticos. Tiempo más tarde, le preguntaron a la mujer: “Usted ha tenido un encuentro con Gladstone y Disraeli. “¿Cuál es la impresión que tuvo de ellos al verlos tan de cerca?”-Entonces ella embozando una sonrisa al recordar momentos del pasado, dijo: “Ambos eran grandes oradores. Si había alguna diferencia, era que luego de encontrarme con Gladstone, supe que él era la persona más excelente y con más conocimiento de toda Inglaterra. Pero luego de tratar con Disraeli, tuve la seguridad que yo era la mujer más excelente y atractiva”.

Cuando nos encontramos con un buen líder, ganamos seguridad y confianza; aprendemos a estimarnos a nosotros mismos. Con un buen líder se abren las posibilidades y albergamos la esperanza de que “podemos lograrlo”. El que provoca ira y desesperación es un dictador, no un líder. Las personas admiran a los inteligentes, pero no los siguen. Buscan aquellos que tienen un cálido corazón, que los comprenden y los reconocen. Una persona inteligente no es un líder. La multitud se congrega alrededor de las personas que no tienen desconfianza y son pacíficas.


Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga.

Mateo 11:29

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